Bien, ya he vuelto del CRUCERO. Sí, con mayúsculas, porque anda que no mola el viaje. Es que te evades por completo de la realidad de Madrid y el único problema es decidir si te tomas el cóctel del día antes o después. Bueno, te tomas dos y ya está. 13 días dando vueltas por el Mar Mediterráneo: Cartago (Túnez), La Valleta (Malta, Éfeso (Turquía), Olimpia Grecia, Creta - Palacio de Knossos, Santorini, Mykonos y Atenas (todas ellas en Grecia), Nápoles - Pompeya (Italia) y, finalmente, Córcega (Italia). Como veis, incluso me ha dado el sol, porque estar en un barco es lo que tiene, que hasta alguien como yo, que se aburre como una ostra bajo los rayos del dios astro, pues se pasaba el tiempo en la cubierta leyendo, tomando refrescos y el sol, al mismo tiempo. Eso es vida y que se quite lo demás.
Como siempre, me llevé a mi osito para dormir. Lo bautizamos como Enrique Bar Waiter II. El primero era Enrique (evidentemente) y, según deduje yo de su plaquita de identificación, se apellidaba Bar Waiter. Sí. Cualquiera puede deducir con rapidea que no se apellida así, sino que es camarero del bar (bar waiter e
n inglés). Pero cualquiera que me conozca ya sabe que siempre llego a la conclusión más estúpida. Y me pareció un apellido raro, la verdad, el de Bar Waiter. Caí en la cuenta cuando vi que Mario, el otro camarero, se apellidaba igual. En fin. Entramos en un concurso sin rostro con el chico que nos hacía las habitaciones, pero sin vernos hasta los últimos días de crucero. Empecé yo con la tontería de tumbar al osito como si estuviera dormido, él continuó poniéndole una gorra, yo lo disfracé de pirata...Para muestra, un botón. Bueno, dos botones.
Bueno, amigos mis amigos. Que conste que, aunque no me hagáis caso, el cartero siempre llama dos veces...o tres o cuatro. Seguirán cayendo fotitos...
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